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INFIDELIDAD: LAS GRIETAS DE LA RELACIÓN A LA VISTA

Cada vez son más los casos de infidelidad que llegan a mis manos. No porque ahora se ame menos, sino porque —en un mundo de inmediatez y validación constante— nos cuesta detectar cuándo la mochila pesa demasiado o hay en ella una piedra que no es nuestra, y no sabemos cómo sostener la incomodidad o la frustración dentro de una relación.

Hoy en día, en ese transitar con la mochila cargada de piedras, basta con que alguien nos haga sentir vistos, valorados o simplemente recordados, para que muchas personas se aferren enseguida a esa tercera persona, sin detenerse a reflexionar sobre lo que realmente está pasando dentro de su relación. Ese impulso puede parecer un alivio momentáneo, un refugio secreto en el que por un momento en el día nos sentimos importantes, pero detrás del engaño hay algo mucho más profundo: la incapacidad de mirar las grietas en la relación de pareja que ya existían antes.

Y es que reflexionar sobre esas grietas duele. A veces simplemente mirarlas, ver que existen y salir de la anestesia, de la rutina, del todo va bien porque es lo que hay, sin más. Nos enfrenta a la falta de comunicación, al desgaste, a los silencios acumulados o al desinterés que ninguno quiso o supo o pudo ver. Transitar ese camino de introspección implica esfuerzo, vulnerabilidad y muchas veces dolor, tres palabras que no encajan demasiado bien con la cultura del “todo rápido y fácil” en la que vivimos. Por eso, en muchas ocasiones, resulta más sencillo encontrar confort y calidez en algo externo, o como se suele decir, buscar fuera lo que no estamos sabiendo cuidar dentro, de una forma automática e inconsciente por desgracia.

Desde mi experiencia como Coach de Amor Sano y Relaciones de Pareja y Especialista en Infidelidad,  puedo decir que una infidelidad no es un evento aislado, ni un accidente romántico, y tampoco una venganza de telenovela. Es el resultado de una serie de conflictos afectivos no resueltos, de problemas de pareja que se van acumulando hasta que una de las dos partes (o ambas) decide mirar hacia otro lado… literalmente.

Debo añadir que no todas las infidelidades son iguales, y que hay muchas que se dan porque un miembro en la relación es amante del gustar, le gusta el coqueteo y el conflicto en este caso recae en el compromiso que no es capaz de mantener. Cada caso requiere un buen trabajo de contextualización para poder abordarlo con el enfoque más adecuado. Pero de eso, querido lector, me encargo yo (Oye, esto último me ha quedado muy Whistledown, ¿no?).

Y aquí viene algo importante: la infidelidad no tiene un solo culpable ni una única víctima. Entiendo que este punto de vista es controversial, pero para mí como profesional que se enfoca en ayudar a una pareja a reconstruir un vínculo roto, confianza, compromiso… es decir: su mejor versión acompañada de una meta en su relación, es el punto de vista que me permite ver qué escalones faltaron en esa escalera.
Por supuesto, hay una responsabilidad clara en quien rompe el acuerdo de fidelidad, pero también hay una historia compartida, un contexto relacional en el que ambos han ido contribuyendo —con su acción o con su ausencia— a que el vínculo se deteriore.
Se trata de entender, no de justificar. Pero tampoco de señalar sin comprender. El dedo acusador nunca resolvió ni ayudó a construir nada de nuevo. Nunca, en ningún lugar.

Después del engaño, llega el gran reto: superar la infidelidad. Y ese proceso no siempre significa recuperar la pareja o recuperar la relación tal y como era antes (porque, sinceramente, ya no será igual). A veces se trata de comenzar de nuevo, con más conciencia, más verdad y más responsabilidad emocional. Se puede continuar después de una infidelidad, sí. Que será diferente, también. Y teniendo en cuenta que las circunstancias anteriores derivaron en unos cuernos, estaremos de acuerdo en que así sea.
Otras veces, el camino es una ruptura, pero también puede ser una oportunidad de crecimiento personal y de aprendizaje afectivo, si se acompaña con honestidad y trabajo interior. Estar bien en pareja o solos es el objetivo al final del día.

Sea cual sea el desenlace, el objetivo no debería ser solo “salvar” la relación, sino entender lo que ha pasado, ver y mirar las heridas y reconstruir —con esa persona o sin ella— un modo más satisfactorio de vincularnos. Y poder ver todo ese camino recorrido como un mapa nuevo del que aprender a caminar distinto.

La infidelidad, aunque duela, puede ser una invitación a mirar de frente lo que no quisimos, supimos o pudimos ver antes. Una llamada profunda al cambio. Un clic. Una catarsis. Una colleja de la vida. Como cada uno quiera llamarlo, pero desde luego un temblor del suelo bajo tus pies sí que es.
Y, sobre todo, una oportunidad para elegirnos con más amor y más conciencia.

 

8 comentarios en “INFIDELIDAD: LAS GRIETAS DE LA RELACIÓN A LA VISTA”

  1. Reflejada totalmente en varias fases de mi proceso tan duro… Que todavía sigo llevando acabo y no me creo que este peso todavía está en mi mochila tan pesada, del cual me cuesta creer q la persona q más amaba en el mundo se haya esfumado de la noche a la mañana así como si nada de esto hubiera pasado…
    Pero he aprendido a que si se ha ido es porque algo mejor está por llegar.

    1. Hola Ana Belén, gracias por compartir tu experiencia con tanta honestidad. Has atravesado un proceso muy doloroso, y es completamente válido que aún sientas el peso de la mochila que mencionas. Reconocer ese dolor ya es un paso importante. Y lo que señalas —“si se ha ido es porque algo mejor está por llegar”— muestra una esperanza muy valiosa.
      Permítete acompañar ese “algo mejor” con cuidado, tiempo y autocuidado. No tengas prisa por estar bien, solo por avanzar hacia estar un poco más fuerte cada día. Mucho ánimo y un abrazo fuerte.

  2. Es un tema muy controversial porque implica algunos puntos de vista dependiendo desde donde lo estés observando o viviendo, también qué tan involucrado estás emocional y sentimentalmente en la relación.
    Por ejemplo si alguien está soltero y está en modo disfrutar el momento y que no me afecta lo que pase. En el caso que le pase dirá: esto es una ruptura inminente y no hay excusas, ni análisis, ni vueltas atrás y mucho menos oportunidad. Si hay mucho afecto y apego emocional es probable que acepte ciertas situaciones o se de un tiempo para procesarlo y decidir.
    Si le pasa a alguien casado es otro rollo, ahí viene el sentimiento de culpa, el sentimiento de y ahora? qué pasará con mi familia, si hay hijos, etc, etc.
    Considero que cada relación – historia tiene su matiz, sus puntos débiles, sus puntos fuertes y que en un caso así viene el tocar fondo y desde ahí decidir si esa decepción te hace más fuerte para avanzar sol@ o utilizas esa fortaleza para empezar de nuevo a enamorarse, enfrentando, comunicando y trabajando en fortalecer la confianza y el amor de pareja (claro está que es una decisión de dos y la pareja debe decidir, analizar y tener claro todos los puntos y acuerdos a los que lleguen para que funcione).
    Solo puedo acotar que somos humanos, en el camino vamos aprendiendo que hay momentos que duelen y que es decisión de cada uno si lo acepta, si aprende, si da una oportunidad o si es mejor terminar.
    Pienso que es un duelo en el que cada uno vive su proceso diferente, que toca reinventarse, que aprende a vivir al inicio con el dolor y poco a poco irá pasando, dependiendo de la gestión emocional que haga, la ayuda o acompañamiento que busque, porque en estos casos si se necesita un norte, un soporte, alguien neutral que pueda ayudarnos a gestionarlo, perdonar y soltar para volver a empezar.
    Porque si hay algo seguro es que siempre y en todo tiempo siempre se puede VOLVER A EMPEZAR (En la misma relación o sól@ depende de nuestra decisión).

    UPS creo que me extendí, gracias Laura!!! Excelente post ❤️

    Un abrazo 🤗

    Rebeca

    1. Hola Rebeca, gracias por tu reflexión tan completa y consciente. Tienes razón: este tipo de situaciones tienen muchas capas, dependen de la historia, del compromiso, de cómo se está viviendo la relación. También me gusta mucho cuando dices que “si hay algo seguro es que siempre y en todo tiempo siempre se puede volver a empezar”.
      Que la búsqueda de ese “norte” sea acompañada de compasión con uno mismo y claridad sobre nuestras necesidades.

      Gracias por sumar a la conversación con estas ideas tan valiosas.

  3. Debo decir que he llegado a la web a través de un post de instagram en el que se debía votar sobre lo que opinábamos al respecto. Por un momento quise votar pero por otro lado no quería ser juzgada porque es un tema tan controversial…
    Leyendo lo que has escrito es como si hubieses puesto las palabras adecuadas a mi propio pensamiento que tenía sobre el tema… El enfoque que le das creo que engloba como varias perspectivas que se tienen que tener en cuenta para poder gestionarlo más allá de la respuesta: estoy de acuerdo/no estoy de acuerdo, porque no todo es blanco o negro. No todo es culpa de uno o del otro o no por verlo de una manera más amplia quiere decir que nos parezca bien el hecho en cuestión..
    Es un tema para reflexionar y quien se encuentre en una situación de este tipo, le animaría a que pidiese ese «impulso de ayuda» para poder gestionarlo.

    1. Hola Miriam, muchas gracias por tu comentario y por abrirte así.
      Me alegra que encuentres algo de tu pensamiento reflejado en lo que comparto; eso es parte del objetivo: ayudar a que quienes lo lean digan “esto me resuena”. Efectivamente, “no todo es blanco o negro”: hay matices, hay contextos e historias que no responden a un molde.
      Y también me encanta que animes al “impulso de ayuda”. Pedir ayuda no es obligación, pero sí puede ser una gran señal de cuidado hacia uno mismo. Si en algún momento decides dar ese paso, recuerda que no tienes que hacerlo sola.
      Gracias por tus palabras.

  4. Gracias por este post. Me emocionó leerlo porque me vi reflejada en varias partes… A veces uno solo ve el dolor del momento y no todo lo que hay detrás. Tus palabras me hicieron entender un poco más lo que pasó en mi historia. Vengo de Instagram, te encontré y me gustó mucho cómo comunicas. De verdad gracias por compartirlo.

    1. Hola Andrea, ¡muchísimas gracias por tu comentario!
      Al final es que muchas personas han pasado por lo mismo, yo sólo pongo palabras a las sensaciones que vivimos, incluso yo misma en el pasado.
      Y desgraciadamente sí, en muchas ocasiones vemos sólo el dolor inmediato y no tanto lo que había detrás: las grietas, los silencios, lo que no se dijo o lo que ya no se cuidó. Como te digo, a mí me ha pasado.
      Me halaga que valores el estilo de comunicación y que mi mensaje haya podido ayudarte a entender mejor tu propia historia. Gracias a ti por acompañarme en redes y ahora estar aquí y poder acompañarte aunque sea un poco con mis palabras. Un abrazo grande.

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